Como determinar la dirección del Viento

 

   

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Es el movimiento del aire en la atmósfera con relación a la superficie terrestre, originado por la diferente densidad de masas de aire que se encuentran a distinta temperatura. En meteorología se denomina como tal la componente del movimiento del aire paralela a la superficie terrestre. Los movimientos de las masas de aire en otras direcciones se denominan corrientes de aire. Por medio del viento se transporta la humedad y el calor de unas zonas a otras, parámetros fundamentales que configuran el tiempo en un lugar. Al ser una magnitud vectorial se define por su dirección sentido y por su velocidad.

Medición del viento en la actualidad:


La dirección se mide mediante la veleta según los 360 grados geográficos en intervalos de 10 grados. En la mar se emplean los 16 rumbos de la rosa de los vientos. Los anemómetros miden la velocidad, expresada comúnmente en metros/segundo y el nudo (milla náutica/hora). En la mar la velocidad se expresa en unidades de la escala de Beaufort. En la actualidad se emplea el radar de viento para determinar la velocidad y dirección en una zona determinada. Para la medición del tiempo en altura se emplean las radiosondas y los globos pilotos. En ambos se parte de una velocidad de ascensión constante, determinándose desde la estación de seguimiento la posición del globo a intervalos fijos de tiempo; de esta forma se obtienen sus distintas posiciones en los últimos niveles de ascensión, con lo que se determina, según la magnitud y dirección de desplazamiento entre mediciones, la velocidad y dirección del viento a distintas alturas. La diferencia entre el sondeo con radiosonda y el sondeo con globo piloto se realiza visualmente por medio de un teodolito, por lo que es imprescindible la ausencia de nubes para una observación completa, mientras que con la radiosonda el seguimiento se realiza automáticamente desde el suelo al estar dotado el globo de sondeo de un emisor de radio. En los sondeos con radiosonda, aparte del viento, también se determinan las temperaturas
y humedad a distintas alturas.

Cuando hablamos de la dirección del viento hacemos referencia al lugar de donde viene este, por ejemplo: Un viento Sur viene del Sur y sopla hacia el Norte. Determinar de donde viene el viento resulta difícil en ocasiones, sobre todo cuando nos encontramos en una zona rodeados de obstáculos tales como accidentes geográficos, edificaciones, los cuales pueden alterar la dirección del viento y confundirnos en nuestras apreciaciones.

Otro caso que puede inducirnos a un error a la hora de determinar la dirección del viento, es la observación de las nubes. A veces ocurre que el viento de superficie va en un sentido, y que el de las capas altas de la atmósfera va en otro, lo que implica que las nubes que se encuentren a esa altura llevarán un sentido diferente al viento que sopla a nivel del mar.

Para tratar de reconocer la dirección del viento podemos apoyarnos en varias referencias:

 

Desde tierra

Veletas: Al ser un aparato especialmente diseñado para determinar la dirección del viento, es el método de observación más efectivo siempre que esté instalado en un lugar estratégico. De nada sirve si junto a la veleta hay un edificio haciéndole sombra. La flecha de la veleta marcará desde donde sopla el viento. Si sopla Sur, la flecha apunta al Sur.

 

 

Banderas: Al igual que las veletas, las banderas sirven siempre que no estén desventadas por algún obstáculo o frente a un callejón por el que se emboque el viento y falsee la dirección real de éste. Las banderas ondean en el sentido en el que sopla en viento Si es viento del Sur ondearán hacia el Norte.

 

El Humo: Cuando hay bajas presiones en la zona y el humo es denso, puede subir bastante alto y puede darse el caso de que en la cota más alta lleve una dirección diferente a la que llevaba inicialmente (en la parte baja) precisamente por el hecho de que el viento en altura puede soplar en diferente dirección que el de superficie.

 

Un puñado de arena tirado al aire: Siempre que estemos en una zona libre de obstáculos, puede ser un recurso útil ara determinar de donde procede el viento.

 

 

Desde el Mar

 

Las embarcaciones fondeadas: Generalmente estas suelen tener la proa orientada hacia el lugar de donde procede el viento, como sucede con las veletas, aunque esto no ocurre siempre. Puede darse el caso de que las corrientes que se generan en el agua sean más fuertes que el viento y entonces la proa del barco quedará orientada en sentido contrario a la corriente marina independientemente de donde sople el viento. Esto ocurre sobre todo en las inmediaciones de las desembocaduras de ríos o en los estrechos.

 

Las olas: Las que son generadas por el viento van en el mismo sentido que éste. Cuando van en sentido contrario al viento porque son debidas a factores ajenos a éste, al romper las olas se genera en la cresta de las mismas una pulverización de agua muy característica. Si se trata de olas que rompen en la orilla, es un indicativo claro de que se sopla un viento terral, por tanto hay que extremar las precauciones como veremos en el apartado siguiente.

 

DIRECCIONES DEL VIENTO RESPECTO A TIERRA

 

Un viento de una misma intensidad puede tener efectos muy diferentes sobre la navegación en función de donde sople con respecto a la playa. Un viento que sople paralelo a la costa es de lo más idóneo para la navegación. En cambio un viento que sople desde tierra (terral) puede suponer un problema en determinadas circunstancias, y desde luego no es nada adecuado para una persona que se esté iniciando, ya que en caso de tener una avería o de no poder retomar la navegación por otra circunstancia, el viento nos alejaría de la costa sin remisión.

 

Además puede presentarse otro problema; en la orilla puede suceder que, por el efecto pantalla creado por montañas, edificios u otros obstáculos terrestres, nos dé la sensación de que el viento no es tan fuerte. Al distanciarnos unas centenas de metros mar adentro podemos llevarnos la desagradable sorpresa de que el viento sopla con más intensidad de la que podemos soportar.

Con viento oblicuo procedente de tierra puede navegarse en buenas condiciones siempre que se domine la técnica de la ceñida. Sin embargo con vientos racheados la navegación se complica, pues las diferentes fuerzas que genera el viento sobre la vela se convierte en un tira y afloja que puede terminar catapultándonos por encima de la tabla y pegarnos una leche de narices.

Los vientos variables tampoco son fiables; un viento paralelo a la costa puede cambiar repentinamente a terral debido a circunstancias meteorológicas, y complicarnos las cosas si no tenemos la preparación adecuada.

 

DETERMINACIÓN DE LA INTENSIDAD DEL VIENTO.

 

Evidentemente la fuerza del viento es un factor muy determinante para la navegación a vela, de hecho es la esencia del windsurf. Sin viento no hay windsurf, con exceso de viento tampoco. La capacidad de dominar el viento por parte de un navegante está totalmente vinculada a su preparación. Un principiante no está capacitado por ejemplo para aventurarse a condiciones de viento con fuerza 7, de la misma manera que un experto debería de rehusar la navegación con fuerza 11/12 salvo que tenga una vena de loco y no tenga familia a cargo...

Por tanto es importante tener una mínima noción sobre cual es la fuerza del viento en un momento determinado, en la zona donde tenemos intención de navegar. Para determinar de una manera concreta cual es la fuerza con la que sopla el viento, se recurre a la ESCALA BEAUFORT, que la ideó un ilustre marino británico apellidado de la misma manera. En cuanto al instrumento de medición que se utiliza, se trata del anemómetro, que se encarga de registrar los datos relativos a la velocidad que alcanza una especie de hélice que gira impulsada por la fuerza del viento.

No todo el mundo dispone de un anemómetro en un momento determinado, pero se puede recurrir a la observación de una serie de indicios que pueden darnos una idea aproximada de cual es la fuerza del viento. Un mar en calma absoluta con banderas caídas es un claro indicativo de la ausencia total de viento, mientras que un mar espumoso, con agua en suspensión, mala visibilidad y tendidos eléctricos echando chispas o volando, son un claro indicio de que probablemente estemos en mitad de un huracán.

En la Escala Beaufort se anota la fuerza del viento, su equivalencia en unidades de velocidad, y los efectos que pueden observarse en la mar y en la tierra derivados de la acción del viento, contemplando los dos extremos anteriores y pasando por los términos medios.