Un arte para cada pez

 

Las artes pesqueras varían no sólo según sea la especie capturada, sino por el lugar donde se faena.

 

Nasas. Son los conocidos cestos cuya boca permite la entrada del pez, pero no su salida. Se utilizan en aguas costeras, sobre todo para los crustáceos, como langosta, bogavante, gambas, centollos, nécoras, lampreas y anguilas.


De anzuelo. Son los balancines, curricanes, chambeles y otros. Tienen variados aparejos. Se usan desde tierra firme y desde embarcaciones que faenen en el área costera o en alta mar.


Fijos. Compuestos por aparejos de red, que una vez extendidos impiden el paso de los peces. Trasmallos, corrales, betas, volantas y rascos, Todos de funcionamiento similar a la más conocida de estas artes: las almadrabas que operan en la zona del Estrecho de Gibraltar para la pesca del atún.


Red de cerco. Sobre todo para especies como sardina, anchoa y caballa. Tiene dos variantes, la llamada de jareta, en la que un cabo cierra la red por debajo, evitando el escape de los peces, y la traíña, que carece de este mecanismo.


Red de deriva. Arte prohibida. Se emplea para especies pelágicas, como sardinas y túnidos. Sustentadas por boyas y lastres, las redes son empujadas por las corrientes marinas. Es la menos selectiva de las técnicas de pesca.


Arrastre de fondo. Son grandes redes con forma de embudo, que pueden ser remolcadas por uno o dos barcos. Tienen lastres para rastrillar el fondo.


Arrastre semipelágico. Se mantienen abiertas gracias a paneles hidrodinámicos y se desplazan suspendidas en el agua; su profundidad se regula mediante la velocidad del barco.


Palangre. Un largo cabo que se mantiene en la superficie mediante boyas y del que cuelgan otras líneas con anzuelos. Es la técnica más difundida, se emplea tanto en altura como en bajura y con ella se capturan muy diversas especies.

 

 

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