LOS TITANES DEL ESTRECHO
por: Joaquín Hernández, fotos cedidas por el autor del artículo

 

 

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¿Eres pescador de atún gigante? ¿Conoces la técnica para pescarlo al brumeo o al curricán?. Si es así, lee este articulo y por más que te resulte increíble, te doy mi palabra de que lo que lees, es cierto.

Muchas cosas que voy a contar a partir de aquí os van a sonar a "ciencia-ficción". Pero sin tomar el pelo a nadie, todos aquellos que os consideréis pescadores de atún gigante en el Mediterráneo veréis desmoronarse vuestras teorías sobre la pesca. También a los pescadores del Atlántico les romperán los esquemas. Creo que solo hay un lugar en el mundo donde se pueda pescar con esa técnica: ese lugar está entre las "Columnas de Hércules" y se llama ¡El Estrecho de Gibraltar!

INFORMACIÓN

Para los que viváis lejos de estas latitudes (España) os diré que el estrecho de Gibraltar es la entrada al mar Mediterráneo desde el Océano Atlántico. Separa África (Marruecos), de Europa (España). El estrecho tiene unos 65 Kms de largo y su ancho varía entre los 14 y los 39 Kms y su profundidad máxima supera en mucho los mil metros. Como ejemplo os diré que su increíble fondo es muy utilizado en vídeo juegos de submarinos, ya que está lleno de valles y montañas submarinas de roca pura. Fuertes corrientes de marea corren a lo largo de las costas europea y africana. Una corriente submarina que fluye hacia el oeste arrastra el exceso de agua salda del Mediterráneo. Estas corrientes son temidas por la gran cantidad de mercantes que circulan por sus dos canales de navegación, el de entrada (al sur) y el de salida (al norte). El estado de la mar es realmente duro, ya que tanto los fuertes vientos acanalados del este (Levante), como los del oeste (Poniente), son conocidos por los "Fanatics" del Windsurf en Punta Tarifa. Aunque increíblemente algunas semanas al año el estrecho esta en calma total.

EL RELATO

Acabo de regresar de Barbate, provincia de Cádiz, donde he participado en el II concurso de pesca de altura organizado por la Empresa Pública de Puertos de Andalucía. Fui invitado por unos amigos que coincidimos en Senegal en un viaje de pesca. Luis, Salvador, Ángel Luis y Victoria, esposa de Salvador. Completábamos la tripulación Rafael, hermano de Ángel Luis, Sebastián y yo. Son gente encantadora que me colmaron de atenciones. Gente cuya ilusión era la captura de un atún gigante en su terreno, el Estrecho de Gibraltar ya que hasta entonces no habían capturado ninguno. Ellos reconocen ser buenos pescadores de curri costero y de fondo y últimamente de Marlins blancos, pero su asignatura pendiente seguía siendo el atún gigante.

Con la embarcación AMY, una Sea Ray de 34 pies con dos motores de gasolina de 300 CV y una silla de combate donde poder sentarse, 4 cañas de 80 libras con carretes 2 Penn 80 LB STW y 2 Shimano 80 -130 libras, todos ellos cargados con líneas de 130 LB, nos íbamos a enfrentar a su reto. Preparamos las dobles líneas, anudamos los quitavueltas, preparamos los bajos de línea de 500 LB, siempre siguiendo las normas deportivas de la IGFA, comprobé que la silla no tenía ningún tope que diera ventaja al pescador, comprobé que el gancho tuviera las medidas oportunas, etc. Todo estaba preparado, por lo que nos fuimos a Cádiz, donde ellos residen, y nos fuimos a cenar a un restaurante en la preciosa plaza de la Catedral, el "Terraza" de Pelayo; pescadito frito, gambas cocidas, papas aliñadas, morrillo (solomillo) de atún a la plancha y un montón más de raciones con las que, regadas con un fresquísimo tinto de verano, alargamos la noche hasta mas allá de las dos de la madrugada.

Eran las 08.00 h. del día siguiente cuando el patrón, Luis, puso rumbo al sur de Tarifa. Salvador tenía anotada una posición que distaba de Barbate 21 millas y se encontraba en la zona de aguas internacionales, en medio de los dos canales de navegación de entrada y salida al Mediterráneo por donde obligatoriamente circulan los grandes mercantes. Mientras navegábamos la sonda nos mostraba unos fondos marinos espectaculares, de roca pura, acantilados submarinos de más de trescientos metros, valles y montañas, realmente impresionantes. Los hileros de corriente se veían a lo lejos. Llegamos a las coordenadas y el espectáculo estaba servido: más de doscientas embarcaciones se amontonaban en menos de milla y media, pateras ("pangas" en México), voraceros, deportivos. Todos estábamos juntos en la milla del atún. La distancia entre barcos era apenas de treinta metros. Manadas de orcas navegaban entre las embarcaciones, ballenas piloto o Calderones daban más densidad, si cabe, al panorama. Destacaban las pateras de cinco metros con un motor fuera borda de 15 o 25 CV con dos o tres tripulantes marroquíes; no dábamos crédito a lo que veían nuestros ojos: estas embarcaciones eran arrastradas literalmente por atunes gigantescos que estaban presos en su anzuelo.

Los izaban a mano, palmo a palmo debían recuperar sin ningún tipo de artilugio más de quinientos metros de una línea de monofilamento de unos 2 mm de grueso, tan solo con la protección de un pedazo de goma de cámara de neumático de coche, que se les aguantaba en la mano por un orificio por el que entraba el dedo pulgar. El esfuerzo del pescador era impresionante y sólo cuando el atún tiraba descomunalmente sus compañeros le ayudaban a aguantarlo.                 

Sin descaso, sin dar tregua al animal, conseguían clavar el gancho a atunes de más de trescientos kilos que ni tan siquiera podían izar a bordo, viéndose obligados a amarrarlos al costado. Ante esas imágenes uno recordaba aquella increíble novela de Hemingway "El viejo y el mar". Cuando cada patera conseguía pescar dos atunes comenzaba el lento regreso a su puerto de origen. El mar estaba en calma, lo que les facilitaba el ganar camino, y sólo las grandes olas producidas por la proximidad de los mercantes al pasar les hacían peligrar su valiosa carga

La marea estaba en su punto más álgido. En un momento nos vimos rodeados por siete pateras, ¡y todas ellas estaban peleando un atún gigante! Salvador estaba nervioso, algo hacíamos mal. Nos fijamos en lo que hacían las pateras que tiraban sus volantines y vimos como ataban una piedra de unos 10 Kg. de peso con un fusible que permitiera que el anzuelo quedara libre cuando ellos quisieran. Lanzamos nosotros esas mismas piedras que Salvador había embarcado de madrugada sin que nadie supiera para que servían. Atábamos al quitavueltas una línea fusible de 0.30 mm y cuando la piedra llegaba al fondo la línea fusible se partía liberando la carnada que ascendía rápidamente por la acción de la corriente.

Las dos primeras lanzadas a una profundidad de 540 m. (sí, lo habéis leído bien, quinientos cuarenta metros) propiciaron que todo el bajo de línea subiera liado en la doble línea sin ninguna posibilidad de picada. Modificamos el invento y atamos el fusible al aro del anzuelo en lugar de al quitavueltas. De esta forma no había posibilidad de líos y por otro lado la caballa no se desprendería del anzuelo ya que bajaría siempre de la manera más natural posible, como si del curricán se tratara. En nuestro cuarto intento llegamos al fondo y pudimos notar como la caña se destensaba al romper la línea fusible, también llamada "falseta". Pero la caña se volvió a curvar al instante como si hubiéramos enrocado, y efectivamente no había manera de recuperar ni un solo metro, por lo que decidimos atar la línea a la cornamusa y tirar con el barco. Así lo hicimos y tras varios fuertes tirones con los motores por fin cedió. Salvador decía que habíamos enrocado en un palangre, ya que no era normal que la línea fuera tan elástica y cediera tantos metros estando atada a la cornamusa. Le pregunté que anzuelo teníamos puesto y me dijo que era uno nuevo que yo había traído, un "anzuelo circular" muy utilizado para la pesca del tarpón y del atún gigante cuando quieres liberar a la pieza, ya que solo se le clava en la boca por más que se lo trague. Dicen que con este anzuelo es casi imposible enrocar. Nos extrañó un poco y seguimos lanzando otro adoquín al fondo. Mientras descendía hasta los más de 500 metros seguíamos comentando la jugada y buscábamos una lógica y un porqué a esta increíble forma de pescar.

Desde hace muchos años la única manera de pescar los besugos de la pinta o voraces en esas aguas es aprovechar los repuntes de las mareas y enviar los anzuelos lo más rápido posible al fondo rocoso donde se encuentran esas preciadas presas. Los volantines son izados rápidamente ayudados por las corrientes, los patrones recuperan la posición y vuelven a enviar otra pesada piedra al fondo para capturar más besugos, siempre lo más rápido posible, ya que una vez la marea vuelva a iniciarse, la gran corriente impedirá el poder pescar en esos profundos fondos. Los atunes increíblemente se han adaptado a esta rústica técnica y esperan en el fondo la llegada de las piedras, cuyas líneas siempre suben comida a superficie. La remontada de los volantines repletos de presas hace que los atunes se lancen a atacarlos para alimentarse. Los marroquíes han copiado esa técnica y utilizan caballas o jureles de gran tamaño como carnada, los envían al fondo con una gran piedra para que una vez allí los atunes crean que son la comida de siempre y de esa forma piquen sin el más mínimo titubeo.

Nuestra caballa llega al fondo y se rompe la falseta. Se repite la operación de enrocado. ¡No puede ser, aquí ocurre algo anormal! La corriente y una pequeña brisa nos hacen abatir, la caña sigue doblada, la línea muy tensa, el GPS nos indica que caemos hacia el SE pero no sale línea. Varias pateras pelean con atunes y siguen nuestro rumbo. No sabemos que hacer ya que la línea ni entra ni sale. Y entonces, a la media hora, un tremendo tirón nos da la evidencia que esperábamos: ¡es un gran pescado, un atún gigante que estaba cómodamente navegando por el lecho marino! Iniciamos el combate y a la hora sólo hemos podido ganarle 30 metros. De pronto el atún inicia una huida hacia la superficie, teníamos unos quinientos metros de línea en el agua y la línea cada vez se tendía más en la superficie. Gritando a las pateras conseguimos que tres de ellas salieran de la dirección de nuestra línea. No tenemos otra solución que maniobrar e ir a buscar al atún de proa, pero un brusco cambio de rumbo al aflojarse la línea nos la mete bajo los timones. Por más que meto la puntera en el agua la embarcación es muy alta y no consigo salvar los timones. El corte de línea es inmediato, pasamos del júbilo al malhumor, lógico cuando se pierde aquello que deseas y más teniéndolo tan cerca.

El mezquita II capitaneado por Raimundo Ecija nos llama por radio para que acudamos urgentemente ya que estaba viendo un espectáculo único: cientos de atunes que todos ellos superaban los 100 Kg. de peso estaban saltando frente a la costa de Tarifa. Llegamos a tiempo de verlo, comían pescadito vivo y no querían ni caballas frescas ni los curricanes, así que tuvimos que conformarnos con lo que veían nuestros ojos. Para mí ya era mucho, ya que no lo había presenciado nunca en tan gran cantidad.

Regresamos a puerto y pudimos contemplar en la báscula una captura de 264 Kg. Realmente impresionante.

LO VOLVIMOS A INTENTAR

Al día siguiente modificamos nuestro montaje y utilizamos de falseta un monofilamento de 0.35 mm. De esta forma no se rompería tan deprisa y podríamos esperar en el fondo más tiempo aumentando la posibilidad de picar los atunes.

 

Estábamos en el tercer lance y nuevamente la caña se comba tras haberse roto "la falseta", una vez más la duda: ¿Habremos enrocado? Salvador comienza a recoger línea y la caña no cede, pero parece que arrastramos un peso muerto a más de quinientos metros de profundidad hasta que, de pronto, un latigazo hace que la caña se curve más aún y el carrete ceda más de cien metros de línea, la incertidumbre ha finalizado, no estábamos enrocados, era un atún.

Salvador se acomoda en la silla, esta presto para el combate, le pasamos la caña y comienza el vaivén de línea. Tras una laboriosa recuperación conseguimos recuperar el animal al costado de estribor donde Ángel Luis estaba presto con el gancho, su acción es certera y conseguimos subir a bordo un bonito ejemplar de atún rojo que pesó 109 Kg. Nos dio una guerra terrible la cual achaco a la baja temperatura que hay en esos fondos y que el atún en superficie esta pletórico de fuerza al haber aumentado la temperatura hasta los 21 º centígrados.

Ese segundo día en la báscula se pesaron 3 atunes, el mayor de 301 Kg.

Nosotros ocupábamos el 3º puesto de 34 embarcaciones ya que las normas del concurso premian como campeón y subcampeón al golpe de suerte, es decir a las dos piezas más grandes, y en tercer lugar quedará la embarcación que consiga mayor numero de Kilos de sus capturas (que en la inmensa mayoría de los concursos celebrados en Europa sería el campeón).

La tripulación del AMY estaba eufórica. Se había conseguido el objetivo: la captura de un atún gigante. La verdad es que los 109 Kg. sabían a poco, si los comparamos con el 301 Kg. que encabezaba la clasificación, pero aún quedaba media jornada de pesca y podía ocurrir de todo.

EL ÚLTIMO DÍA

El domingo 25 de Julio de 1999 Marruecos enterraba a su difunto Rey Hassan II, así que ni un solo marroquí salió a pescar ese día. Además por ser domingo los goraceros de Tarifa tampoco habían salido de pesca y solo los participantes del concurso estábamos en la zona de pesca. Llegamos a las 09.10 h. y a las 09.14 nuestra primera piedra llegaba al fondo con la carnada curiosamente armada por Sebastián ¡A los 3 segundos ya comunicábamos por radio la picada del atún! Las otras embarcaciones del concurso hacían lo mismo, todos estábamos en combate. Una hora después no habíamos podido ganar ni un metro de línea. El Mezquita II comunica que el atún le había vaciado y roto la línea de su Penn Internacional 80 TRW; ochocientos metros de línea Stren Magnathin no habían podido parar al atún. Recuperó su posición y a los diez minutos volvió a notificar que estaba otra vez en combate.

Nuestro atún se volvió loco e inició una veloz carrera a la superficie, pero esta vez no había nadie que nos molestara. La embarcación no podía ir muy rápida en reversa, por lo que a unos trescientos metros vimos como el atún intentaba liberarse en superficie con grandes coletazos. Estaba muy vivo. Conseguimos acercarnos mientras él se mantenía en superficie, pero cuando nos quedaban unos cincuenta metros vio la embarcación y se hundió otra vez en el abismo. Nos sacó unos cuatrocientos metros de línea dejándonos como al principio del combate. Llevábamos más de dos horas de pelea cuando volvió a subir y de nuevo pudimos recuperarle bastante línea. Ángel Luis estaba exhausto, la caña de 80 libras se hacía pequeña, se arqueaba brutalmente y el atún no cedía. Estaba clavado a unos cuarenta metros bajo el barco, teníamos que sujetar y dirigir la silla porque ésta alcanzaba su punto de fatiga y en dos ocasiones el atún puso a Ángel Luis contra el espejo de popa. En media hora conseguimos ganarle quince metros, lo teníamos tan solo a unos veinticinco, veíamos su vientre plateado dar vueltas bajo el barco, parecía que se entregaba, pero en un alarde de fuerza subió a superficie y comenzó a chapotear. Cuando lo vimos nos quedamos helados: una distancia semejante entre la aleta y la cola ¡nunca la había visto! Se trataba de un monstruo y superaba en mucho los cuatrocientos kilos. Conseguí alcanzar la doble línea y tirar con todas mis fuerzas, yo peso 130 Kg. y el atún ni se inmutó, se dejo caer hacia el fondo y no pude pararlo, me sacaba por la borda tan solo con "dejarse caer". Nos volvió a sacar unos cincuenta metros y ya superábamos las tres horas de lucha atroz. La silla de combate se estaba doblando por la base, tanto el material como nosotros estábamos fatigados y es cierto que, después de más de tres horas de luchar con un ejemplar así y siempre combatiendo al límite, tienes en contra ese mismo límite de la resistencia de los materiales, por adecuados que estos sean.

Por la emisora el Mezquita II comunica que su caña una Penn Internacional II de 80 libras se ha partido y por lo tanto ha perdido su captura. Uno tras otro todos los barcos comunican que han perdido sus atunes. Desgraciadamente nosotros también tuvimos que comunicar lo mismo, ya que después de un combate de casi cuatro horas el atún rompió nuestra línea de 130 libras. Nos venció en un brutal pero limpio combate, después de haber tenido por tres veces la doble línea en la mano y de haberla tenido que soltar otras tantas veces porque me arrancaba el brazo. Debo decir que yo si tengo experiencia en esta pesca y obran en mi poder bastantes capturas de atún, (tanto como pescador, como de mate tirando del bajo de línea) y que varias de ellas superan los 200 Kg. y jamás un atún había podido conmigo de una forma tan contundente.

He de reconocer que ese atún hizo honor al lugar donde la mitología nos habla de los trabajos de Hércules. No os quepa ninguna duda que uno de esos trabajos mitológicos debió consistir en pescar atunes gigantes, que en estas aguas es de todos conocido que hay ejemplares que superan en mucho los seiscientos kilos.

Increíble pero cierto, para luchar contra los "Titanes del Estrecho" será necesario cuidar todos los detalles y depurar la técnica al máximo. No cada día uno se enfrenta a un "Titán".

El próximo año el concurso de Barbate volverá a ser cita obligada para todos aquellos que quieran enfrentarse a los "Grandes", esos animales que suponen el esfuerzo máximo dentro de la pesca de altura. Amigos del AMY, os prometo no faltar a la cita. ¡La próxima vez seguro que los venceremos!