Thor Heyerdahl

 

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Thor Heyerdahl nació en 1914, en la pequeña población costera de Larvik, en la región suroriental de Noruega. En enciclopedias y diccionarios figura como zoólogo y antropólogo, y en su capacidad como tal, ha sido objeto de la atención y el reconocimiento mundial.

El primer viaje de Thor Heyerdahl y otros cinco hombres a bordo de una balsa de troncos estaba destinado a convertirse en uno de los capítulos más importantes en la historia de la exploración y los descubrimientos.

Heyerdahl arriesgó su vida y la de su tripulación para probar una teoría personal que había sido rechazada entre burlas por los científicos más importantes del momento. El explorador demostró que tenía razón, y que las culturas del Pacífico y de Sudamérica estaban directamente relacionadas. La Kon Tiki, una embarcación formada por nueve troncos de madera de balsa de menos de 15 metros de largo y 60 centímetros de grosor, se ensambló del modo tradicional de Perú y Ecuador, ni una espiga metálica, ni un clavo o alambre. Sólo cabos de cáñamo. Hoy se ha convertido en una leyenda.

 

 

La Kon Tiki partió de Callao, Perú, el 28 de abril de 1947. Después de 97 días de navegación embarrancaron en el arrecife de una isla deshabitada, de donde fueron rescatados por los pobladores de la isla de Raroia. Estaban en el corazón del Océano Pacífico, muy cerca de Tahití. Heyerdahl demostró su teoría, pero también inventó un nuevo tipo de exploración. Sus numerosos imitadores jamás han logrado realizar un viaje tan apasionante.

Después de extensos estudios etnográficos y arqueológicos en Polinesia, el continente americano y el Sudeste asiático, Heyerdahl desarrolló una teoría basada en que la Polinesia no había sido poblada por inmigrantes del Sudeste asiático, según creían los eruditos hasta la fecha, sino por gentes oriundas de América.

Esta hipótesis tuvo una acogida bastante fría, y al igual que había hecho Nansen anteriormente, decidió Heyerdahl, en 1947, probar su teoría en la práctica. La embarcación que utilizaría para surcar el Pacífico era una balsa de troncos, copia idéntica de las construidas por los indios sudamericanos en tiempos prehistóricos. El punto de partida de la expedición fue el puerto peruano de El Callao. La balsa "Kon-Tiki" y sus seis tripulantes navegaron por el Pacífico hasta embarrancar en una de las islas Tuamotú, en la Polinesia. De ese modo, Heyerdahl demostró la posibilidad de su teoría, además de adquirir fama universal.

El viaje de la "Kon-Tiki", que duró tres meses y medio, no sólo fue una experiencia osada y excitante, sino también una hazaña científica. En el libro que Heyerdahl escribiría más tarde, "American Indians in the Pacific" ("Amerindios en el Pacífico"), sustentó su teoría con una profusión de datos. Entre otras cosas, el antropólogo noruego afirma que los primeros pobladores de la Polinesia vinieron por mar desde el Perú, hacia 500 d.C., y que una nueva oleada de inmigrantes llegó procedente de la costa noroccidental de América del Norte, entre 1000 y 1300 d.C.

 

 

A fin de apoyar su teoría más todavía, Heyerdahl planeó y dirigió una expedición arqueológica a las islas Galápagos, en 1953. La expedición realizó varios hallazgos valiosos que también respaldaban las teorías de Heyerdahl: objetos de origen amerindio, de las civilizaciones incaica y preincaica.

Tres años más tarde, en 1955-1956, Heyerdahl dirigió una expedición de más de 25 miembros a la isla de Pascua, donde se llevaron a cabo extensas excavaciones arqueológicas. Los hallazgos de la isla de Pascua revelaron la existencia de tres distintas épocas culturales en la misma. Fue durante la segunda época cuando fueron erigidos los famosos monumentos de piedra. También se descubrieron estatuas todavía más antiguas, muy parecidas a otras halladas en Bolivia. Ha de mencionarse que las teorías de Heyerdahl, respecto a la población de Polinesia y la emigración de culturas antiquísimas a esa región, siguen encontrando oposición en ciertos medios antropológicos.

Heyerdahl volvió a cultivar su vocación principal, el mar, iniciando la primera de las expediciones "Ra", en 1969. El objetivo era, en general, el mismo que el del viaje de la "Kon-Tiki". En una embarcación de papiro bautizada con el nombre del dios egipcio del Sol, la expedición partió de Safi, en la costa marroquí, en un intento de atravesar el Atlántico y demostrar con ello que las embarcaciones de papiro usadas por los antiguos egipcios habrían estado en condiciones de cruzar los vastos océanos. Heyerdahl sostenía que las civilizaciones antiguas de América y Egipto podrían haber ejercido influjo cultural en los indios de América Central.

 

 

Al cabo de 5.000 kilómetros de travesía, la embarcación de papiro empezó a desmembrarse, debido a defectos de construcción. Finalmente, el "Ra" escoraba tanto que hubo de ser abandonado. Al año siguiente, empero, Heyerdahl realizó otra travesía con el "Ra II", que fue coronada por el éxito. Después de recorrer 6.100 kilómetros a vela por el Atlántico, arribaron a las Barbados. Así demostraba Heyerdahl que este tipo de embarcación bien podría haber atravesado el océano en tiempos prehistóricos con la ayuda de la corriente de las Canarias.

También se utilizó una embarcación de papiro en el viaje siguiente del antropólogo noruego, con objeto, asimismo, de ensayar en la práctica teorías relativas a travesías oceánicas en la Antigüedad. El objeto de la expedición del "Tigris" era esclarecer las rutas comerciales y el intercambio cultural, desde aproximadamente 3.000 años a.C., entre los sumerios de Mesopotamia y otros emporios de civilización de Oriente Medio, África nororiental y el actual Paquistán.

Después de la expedición del "Tigris", Heyerdahl se dedicó a investigar la historia de las islas Maldivas, en el Índico, incansable en su afán de revelar cómo las primeras civilizaciones podrían haberse propagado de continente en continente.

A pesar de que, en nuestros días, sólo es posible, en general, realizar descubrimientos en el espacio sideral, sigue habiendo muchos jóvenes noruegos que buscan el incitamento de audaces expediciones. La era del turismo de masas y los viajes organizados no ha conseguido aniquilar el espíritu de aventura y el afán explorador.