Como correr un Temporal

 

Aunque todos somos patrones experimentados, no está de más recordar que es lo que tenemos que hacer en caso de que nos sorprenda un temporal durante una singladura. El fondo del mar está lleno de embarcaciones patroneadas por gente de mucha experiencia.

Para la navegación con mal tiempo lo primero que debemos de hacer es amarinar el barco, o sea, prepararlo para la tormenta, lo que implica desde una adecuación del mismo en su interior y, por supuesto en cubierta. Si navegamos en un velero, lo primero es trincar bien el palo. Habrá que adecuar la superficie vélica al viento, bien mediante la toma de rizos o, en el caso de velas enrrollables reducir el trapo a la superficie que consideramos necesaria en cada momento. Las velas deben estar aplanadas para evitar embolsamientos en las mismas y que el viento escape con mayor facilidad.

 

 

En caso de vientos muy fuertes un pequeño trozo de trapo adelante será más que suficiente, el tormentín, y en el caso de génova enrrollable, una superficie pequeña en función de las necesidades.

Es muy importante trincar todos los objetos que puedan desplazarse y asegurarse de que todos los portillos del barco estén bien cerrados. En estos casos es útil la capota anti rociones, aunque si las olas son muy fuertes hay que asegurarse que no la arranque.

Deben revisarse los imbornales del barco, limpiarlos por si están obstruidos, en caso de necesidad.

Se procurará trincar bien los elementos añadidos a la cubierta, como puede ser el aro salvavidas o cualquier elemento como un motor auxiliar.

Toda la tripulación debe utilizar chaleco salvavidas en cubierta y, por supuesto el arnés. Es conveniente ponerse o tener a mano, depende de las circunstancias, el traje de aguas.

Se procurará tener alguna bebida caliente en un termo como puede ser café o té.

Si debemos variar el rumbo será una cuestión a dilucidar en función de la tormenta que esperemos. Si esperamos una tormenta fuerte lo mejor será poner amura a las olas, ajustando el velamen y procurando en todo momento tener arrancada suficiente.

Habrá que valorar bien nuestra situación, dónde se encuentra el barco y qué distancia existe al puerto más cercano. Además se debe saber con certeza en qué plazo nos veremos sometidos a los efectos del tiempo duro. Ante la más mínima duda de poder alcanzar un refugio en la costa, no se debe vacilar en ganar fondo. La tierra, y sobre todo para barcos de pequeña eslora, es su peor enemigo.

Tan importante como evitar la tierra, caso de no poder refugiarse a tiempo, es evitar un enfrentamiento directo con las olas. Cuando el barco no pueda avanzar contra la mar, los choques sean muy violentos o la tripulación esté extenuada, siempre que tengamos ganado suficiente barlovento, y por supuesto lejanos a la costa, podemos capear el temporal. Para capear con el velamen, viraremos por avante, sin cazar el tormentín, o la génova enrollada de banda, con lo que la vela quedará cazada en la banda contraria. La mayor deberá ser reducida e iremos filándola hasta encontrar un punto de equilibrio. Por último la caña del timón deberá colocarse hacia sotavento, ligeramente hacía la crujía del barco.

Conformado de esta forma el aparejo, cada elemento provocará una función y el resultado será que el barco permanezca parado o casi parado, por ello hay que evitar tener demasiada o poca arrancada lo que controlaremos con la mayor que debe proporcionar la arrancada suficiente. También evitaremos el abatimiento excesivo, a base de equilibrar el timón a sotavento con el tormentín cazado en la escota de barlovento.

 

 

El punto de equilibrio se alcanza si conseguimos que el barco corte las olas sin chocar con ellas para evitar recibir un fuerte impacto por el través ya que desestabilizaría nuestra posición, provocándose dos fuerzas contrarias, la de la ola que nos alcanza de través y el gobierno del barco y la masa de agua a sotavento que impide mayor deriva, lo que podría provocar un exceso de trabajo en los costados del barco, que son los más desprotegidos para sufrir las fuerzas del mar.

Nuestra mejor defensa contra el mal tiempo es evitarlo. Sin embargo, a veces es imposible, para estos casos es muy recomendable el haber practicado con viento frescos de hasta 30 nudos. La práctica nos dará una seguridad añadida para el caso de que algún día no tengamos más remedio que capear un temporal.

Para capear el temporal a motor habrá que recibir las olas de amura en un ángulo de 15 o 20 grados, intentando ante todo no atravesarse a la mar. Deberá ajustarse la potencia del motor a las revoluciones adecuadas que permitan gobernar el barco sin chocar contra las olas. Es muy importante conocer y calcular el consumo ya que de perder arrancada, el barco se acabará atravesando a la mar. Si la única propulsión que tenemos es el motor, debemos siempre llevar un ancla flotante, puesto que la misma largada por proa con el suficiente cabo nos permitirá mantener el barco proa a la mar.

 

 

También se puede correr un temporal, lo que será una solución a valorar. Sin embargo el correr un temporal tiene en principio más desventajas que ventajas. Al capear el temporal ponemos popa a las olas, las cuales si son grandes pueden llegar a romper sobre el espejo de popa, la bañera y el mamparo de popa. No son zonas preparadas por los astilleros para el combate con la mar. Además existe siempre el peligro de pasar por ojo de la siguiente ola o pincharla.

Llegado el caso, y tomada la decisión de correr el temporal debemos saber que entraremos de lleno en la tormenta y estaremos mayor tiempo dentro de ella ya que nos arrastrará en su interior.

Se puede correr el temporal de formas diferentes: correr libre, es decir con el trapo adecuado o correr con estachas, cabos de 25 a 60 metros arrastrados a la popa, para frenar el barco. Para evitar que las olas rompan sobre la bañera habrá que evitar frenar el barco en exceso en este modo de navegación.