El Salitre
Los primeros en utilizar el salitre fueron los alquimistas chinos y árabes.
En el caso de China, los monjes de la secta Tao, seguidores de la filosofía de
Lao Tse, fueron los iniciadores de los experimentos que se llevaron a cabo con
este mineral.
Estos religiosos se dedicaban a la transmutación de los metales, lo que los
llevó a descubrir el modo de preparar el alumbre, el cristal, el salitre y
finalmente, la pólvora.
Existen antecedentes históricos que indican que la pólvora fue utilizada por los
chinos y los romanos antes de Cristo, aún cuando no conocían su fuerza explosiva
y la utilizaban sólo como composiciones incendiarias, las que eran arrojadas
mecánicamente con el arco y la flecha.
Los datos describen que los romanos elaboraban esas composiciones con azufre,
betún y estopa. También es posible que más tarde hayan agregado a esas mezclas
sales de nitrato, ya que los romanos conocían el natrón de los egipcios, lo
mismo que los griegos. El llamado fuego griego se habría inventado al final del
siglo VII y su composición estaba formada por salitre, azufre y resina; mezcla
que más adelante fue perfeccionada por los árabes.
Sin embargo, aún persiste la duda si la invención de la pólvora se debió
originalmente a los chinos y de éstos pasó a los árabes, o si fue hecha
independientemente por unos y otros.
Hasta el momento se tiene establecido que fueron los chinos los que primero
utilizaron el salitre para sus trabajos de alquimia, mucho antes de la era
Cristiana, derivándose, posteriormente, de esos trabajos los fuegos
artificiales, alrededor del siglo VI.

Pero, la pista del nitrato y de la pólvora se hace más clara a partir de los
trabajos alquímicos de algunos árabes. Debido a esto se le adjudica al
alquimista Geber ser el precursor del estudio de los cristales del salitre, a
fines del siglo VIII.
Geber se hizo conocido gracias a cinco estudios sobre alquimia atribuidos a él y
que constituyeron la base de la alquimia en Europa. Estos estudios empezaron a
ser publicados en latín desde el siglo XII. Su obra más importante, la Summa
Perfectionis, en la que se define la teoría "azufre-mercurio", como base de la
formación de los metales, proporciona conocimientos sobre los ácidos minerales,
entre ellos el ácido nítrico, que más adelante fueron transmitidos a los
europeos.
En la naturaleza, los nitratos potásicos, sódicos y calcicos, para citar sólo
los más importantes, aparecen en forma de sustancias sólidas, cristalinas y
solubles al agua. El nitrato potásico, se produce en la superficie de la tierra,
presentándose en forma de polvillo blanco o agujas sobre algunos terrenos
húmedos y salados. También se cría en las cavernas de algunos países cálidos.
Geber vio que los cristales de este salitre se formaban en las paredes de las
cavernas como eflorescencias salinas, por lo que lo llamó Sal Petrae, esto es
sal de piedra.
En el siglo XII, se dieron a conocer primera vez los escritos de Marcus Grecus,
quien llamó a este nitrato Sal Petrossun o Sal Petressi al igual que Gerber,
pero, al parecer desde Raimundo Lulio, en el siglo siguiente, se generalizó el
nombre de Sal Niter, sal de nitrato, o simplemente, Nitro.
Salitre viene del catalán "Salitre" y éste del latín "Sal Nitrum".
El material terroso impregnado de sales de nitrato, que se encontraba adherido a
las paredes de las cuevas, en el suelo de los establos o en la superficie de los
muros antiguos, era separado de estos lugares, y los alquimistas lo disolvían en
agua hirviendo, que luego de 24 horas decantaba por el reposo, al cabo de las
cuales el salitre aparecía cristalizado en el fondo de la vasija. De ese modo se
elaboraba salitre a fines de la Edad Media.
Alberto el Grande, en sus obras herméticas, escritas en 1250, dice que en 1173
se usaban en Persia fuegos artificiales. En el siglo XIII en Europa los
alquimistas árabes empezaron a recurrir al salitre para esos mismos fines.
En 1220 Rogerio Bacon, decía que era capaz de producir fuegos más brillantes que
los relámpagos mezclando salitre, azufre y carbón y que con la composición se
podía destruir una población o un ejército.
Cinco años más tarde en 1225, un manuscrito árabe describe las diferentes formas
de fabricar composiciones incendiarias y da las reglas para purificar el
salitre.
De esta forma, los primeros usos de la pólvora explosiva en Europa habrían
ocurrido en 1331, en el Norte de Italia. Su aplicación iba a tener, en el campo
militar, una influencia extraordinaria al desplazar a las antiguas composiciones
incendiarias y dar paso a nuevas armas de guerra, artefactos que lanzaban el
proyectil gracias a la enorme fuerza impulsora de la pólvora.
La artillería pasó a ser el arma decisiva, alentando a los alemanes a instalar
fábricas en Spandau, Augsbourg y Leigntz. Al poco tiempo, todos los países con
alguna capacidad militar quisieron disponer de este nuevo poder de fuego y se
relegaron al olvido las antiguas máquinas o ingenios que se habían empleado para
la conquista de villas, plazas o castillos.
El primer salitre artificial
La eficiencia de la pólvora para usos militares dependía, de modo importante, de
la buena calidad del salitre y no existía entonces ningún método que permitiese
elaborar un nitrato potásico puro. El otro problema radicaba en la escasez de
este producto, que seguía obteniéndose, como se dijo ya, de las cuevas
salitradas, establos, bodegones o de criaderos naturales en ciertas regiones. La
creciente necesidad de nitrato llevó a los europeos a obtenerlo por medio de
"plantaciones" de salitre, primeras nitrerías artificiales iniciadas en el siglo
XVI.
Para recrear las naturales condiciones en que se producía el nitrato juntaban
materias orgánicas con cenizas de leña, cal o tierras calcáreas, tierra de los
establos y otras, colocadas en capas sobrepuestas, siendo los montones rociados
periódicamente con orines y la parte líquida de los excrementos. En esas
condiciones se daba lugar, primero a la formación de amoníaco y después a la
transformación de éste en ácido nítrico, el que aparecía en la forma de nitratos
cálcico y potásico.
Estas sales disueltas en agua pasaban a saturar tierras dispuestas sobre muros,
en cuya superficie surgían después de cierto tiempo las eflorescencias nitrosas.
El salitre obtenido de este modo tenía la desventaja de presentarse siempre
acompañado de otros agregados, como era el exceso de nitrato de calcio. Al poco
tiempo, un estudio de Jorge Agrícola (1494-1555) reveló que era posible lograr
un nitrato de mejor calidad.
Agrícola disolvía el salitre en una lejía formada con cenizas vegetales, de la
cual se separaba después por cristalizaciones, el nitrato potásico.
Desde fines del siglo XV, las pólvoras españolas, que eran consideradas las
mejores de Europa, se hicieron famosas. Se construyeron fábricas en Navarra,
Cataluña, Barcelona y Aragón. La buena calidad de la pólvora se debía al método
utilizado en su elaboración. El salitre se lavaba repetidas veces en grandes
artesas para despojarle los cuerpos extraños y luego se le sometía a cocción en
una caldera, con lo que perdía parte de los cloruros y otras sustancias. El
carbón y el azufre se trituraban a mano, con mazos de madera, hasta reducirlos a
polvo.
A partir de esto, el desarrollo de la industrias de guerra dio una creciente
importancia al nitrato.
A poco andar, el nitrato obtenido en las cuevas salitradas y de las
"plantaciones", no daba a basto, por lo tanto, se hizo necesario ir a buscarlo
en el Oriente y luego en América.