Las Salinas

 

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Las salinas litorales han sido aprovechadas históricamente por las distintas civilizaciones que se han asentado en la cuenca mediterránea. Desde los fenicios hasta la actualidad, marismas y saladares han sido utilizados metódicamente para la obtención de un frágil cristal de gran importancia económica: el cloruro sódico.

La sal común ha constituido el principal instrumento para la conservación de carnes y pescados. De hecho la industria dedicada al salazón, junto con la pesca, ha contribuido positivamente al asentamiento de multitud de núcleos costeros y a su relación comercial con otras poblaciones interiores. Otros usos tradicionales relacionados con la industria salinera son la obtención de diferentes sales para aplicaciones diversas dentro del sector químico o su ligazón al pastoreo y a la trashumancia, propia de los países mediterráneos.

 

 

Sin embargo, el descubrimiento de grandes depósitos fósiles de sal, así como la utilización de conservantes químicos han ido relegando a las salinas litorales a un segundo plano, perdiendo gran parte de su interés económico. Esta situación a provocado el cierre paulatino de la mayor parte de éstas. Como ejemplo cercano tenemos a las salinas almerienses; a mediados de este siglo estaban en actividad las salinas de Pulpí, Cabo de Gata, Cerrillos y Guardias Viejas, con una producción anual diez veces superior a la actual, que corresponde a la única superviviente: las Salinas de Cabo de Gata.

La situación geográfica de estos aguazales ligados a la costa ha despertado el interés de promotores turísticos. Frente a un litoral masivamente urbanizado, la presencia de salinas abandonadas dispara la codicia del más incauto de los especuladores, que ve en éstas una oportunidad única para el desarrollo de diferentes infraestructuras a bajo costo: urbanizaciones, campos de golf, lagunas para el recreo y ocio, etc.

Los valores ecológicos y antropológicos de las últimas salinas del mediterráneo son lo sobradamente importantes como para no permitir estos u otros desaguisados. De su existencia dependen multitud de especies de aves acuáticas cuya línea evolutiva las ha condenado a vivir inseparablemente unidas a estos espacios. El mayor predador del planeta azul tiene ahora la oportunidad y la obligación moral de respetar, conservar y proteger aquellos hábitats que, sin saberlo, se convirtieron en el último reducto de otros seres vivos tan respetables como él. De la obligación legal ya hemos hablado en el punto 1.2.

En esencia, el funcionamiento de las salinas marítimas mediterráneas es sencillo. Consiste en la progresiva concentración de agua del mar, almacenada en grandes estanques poco profundos donde la evaporación va eliminando la porción líquida, hasta conseguir alcanzar el gradiente de concentración necesario para provocar la cristalización del cloruro sódico.

Las salinas marítimas se sitúan en áreas litorales bajas y llanas, normalmente en cotas iguales o inferiores a las del nivel del mar, permitiendo la entrada de agua de forma directa o, en todo caso, con poco gasto energético. Aparecen divididas en depósitos, charcones o evaporadores, que suelen presentar desniveles entre ellos, permitiendo el paso directo del agua mediante compuertas. El terreno es de naturaleza arcillosa, de manera que dificulta la pérdida del agua embalsada.

La dinámica del proceso exige coordinar a lo largo de cada campaña las coordenadas de espacio y tiempo y puede dividirse en cinco períodos o fases temporales que se corresponden con otros tantos charcones o evaporadores. Según CASTRO (1993), en su estudio sobre las salinas de Cabo de Gata, este proceso puede sintetizarse en cinco fases "tempo-espaciales":

  1. El primer período consiste en la entrada dentro del circuito del agua del mar. En estas latitudes la concentración salina del Mediterráneo es de 3,6 grados Baumé. Durante esta fase el gradiente de salinidad se eleva hasta los 7o Bé., al tiempo que se decantan los materiales en suspensión y se evapora casi el 50%. del agua.

B) Durante el segundo período el agua se mantiene en depósitos evaporadores que le permiten alcanzar los 121 Bé. mientras se evapora un 18% más de agua. Se produce la precipitación de todos los óxidos de hierro y el 55% de los carbonatos cálcicos.

C) En los depósitos del tercer período se evapora otro 15% del agua inicial cuya

concentración no debe superar los 20 oBé. Hasta los 16 oBé precipitan el resto de los carbonatos y entre los 15 y los 20 oBé tiene lugar la precipitación del 60% de los yesos (sulfato cálcico).

D) Los estanques en los que transcurre el cuarto período se denominan calentadores y, en ellos, la evaporación de un 5% más de agua implica la precipitación de otro 25% de yesos y unos niveles de concentración en torno a los 25 oBé.

E) El quinto período es el más importante ya que constituye la última fase del proceso salinero y en él tiene lugar la precipitación del cloruro sódico. Durante el "trayecto" entre los 25o y los 28,5 oBé en que se produce el depósito de las sales de sodio, precipitan también el 15% del yeso restante y se evapora otro 5,4% del agua.

El pequeño porcentaje de sales magnésicas y de bromuro sódico que comienzan a precipitar a partir de los 25 oBé no constituyen un problema grave como impurezas contenidas en la sal común, a pesar de que el sulfato de magnesio acompañante sea responsable del color blanco mate que progresivamente adquiere el translúcido cloruro sódico. Es en torno a los 29 oBé cuando comienza la precipitación masiva de las sales de magnesio. Por esta razón, en el momento clave del proceso, las balsas de cristalización en donde transcurre este último período, deben ser desaguadas antes de alcanzar los 29,5 oBé, procurando que el depósito de la sal común quede separado de las restantes fracciones que todavía se mantienen disueltas en el agua.

Las aguas residuales procedentes del desagüe de los cristalizadores se conocen con el nombre de "aguas madre" y contienen cantidades pequeñas de Cl2 Mg, Cl Na, SO4 Mg y algunos bromuros. Las aguas madre serán utilizadas, gracias a su elevadísima concentración, para lavar la sal recién recolectada, sin que se produzcan pérdidas por disolución. Los estanques en donde tienen lugar los tres primeros períodos descritos se denominan evaporadores, mientras que, el cuarto y quinto períodos transcurren, respectivamente, en los calentadores y cristalizadores. La experiencia acumulada desde antiguo en el mediterráneo ha permitido conocer, cada vez mejor, las proporciones adecuadas de superficie ocupada por evaporadores, calentadores y cristalizadores, para optimizar la rentabilidad del proceso.

Esta definición del proceso, aunque correspondiente a las Salinas de Cabo de Gata, es perfectamente comparable al resto de las industrias salineras mediterráneas, tanto a las que siguen actualmente en producción, como a las que fueron abandonadas a lo largo de este siglo.