Prospecciones Petrolíferas
Petróleo y gas en el mar de Alborán
El gobierno español ha concedido permiso a la multinacional norteamericana CONOCO (UK) lmtd. para buscar petróleo y gas en el mar de Alborán. El Gobierno español, otorgó a dicha sociedad (BOE 251 de 19 de octubre de 2001) cuatro permisos de investigación de hidrocarburos, llamados Alboraneo Bryce, Alboraneo Cristóbal, Alboraneo David y Alboraneo Eric. Todos ellos son colindantes y están situados en la parte española del mar de Alborán, frente a la costa de Marbella. Estos permisos tienen una vigencia de seis años y obligan a la empresa estadounidense a realizar una inversión total de 17,5 millones de euros entre estudios sísmicos, geológicos y perforaciones.
Hablar de los gravísimos peligros que representa la proximidad de cualquier tipo de población a los campos petroleros o de extracción de gas resulta una obviedad. Pero además, se sabe de forma científica, que cada vez que se perfora el lecho marino en busca de hidrocarburos brotan de la tierra otros materiales altamente peligrosos para la vida de los seres vivos: el venenoso arsénico, cadmio, cancerígeno reconocido, o plomo, que está suficientemente demostrado que provoca graves lesiones en nuestro sistema inmunológico.

Pero no hace falta esperar a que existan pozos petrolíferos para tener consecuencias negativas de estos sondeos, ya que se emplean en las prospecciones derivados radiactivos que pueden permanecer, perjudicando, largo tiempo en el medio y se vierten grandes cantidades de aceites.
Así las cosas, si las autoridades locales ni autonómicas de la costa afectada no hacen algo para detener esta locura, en pocos días, los barcos de la petrolera comenzarán a agujerear nuestras aguas territoriales, por cortesía de una multinacional británica, asociada con Texanos. Y no pararán hasta que sus inversiones millonarias encuentren un lugar del que extraer algo, con el objeto de amortizar su inversión. Parece que al Estado le da lo mismo si lo hacen a unos metros de Marbella, o si con ello acaban para siempre con el turismo de la costa malagueña. El implacable mundo del dinero suele buscar sus lugares de ocio en función de unos parámetros mundanos. Y si destruyen un área concreta, fabrican otra en alguno de los pocos lugares del mundo que todavía permanecen vírgenes.
El recuerdo de las últimas catástrofes ocurridas en torres de petróleo nos impresiona. En marzo de 2001, la mayor plataforma del mundo, la P36, naufragó a 125 kilómetros de las costas de Brasil, derramando a la mar los 1,5 millones de litros de petróleo que tenía almacenados. Unos años antes, otra plataforma segó la vida de 36 personas y derramó 20.000 toneladas de petróleo a la mar. El que nuestro horizonte turístico se pueda ver cegado por actuaciones como esta que se pretende, es algo que todos los que residimos aquí debemos impedir. Da igual que seamos españoles, europeos o extranjeros. No podemos permitir que esta franja litoral, se convierta en un desecho industrial en el que prime la contaminación y el riesgo catastrófico latente. Turismo e industria pesada son prácticamente incompatibles.
Antonio Muñoz
Es miembro de
Ecologistas en Acción