El piloto automático

 

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En la época de los grandes descubrimientos el termino piloto se aplicaba a la persona responsable de preparar los rumbos, era considerado como un oficial, el timonel era la persona designada por el piloto para seguir los rumbos marcados por el.
Los diseñadores de barcos se decantan por las grandes dimensiones para asegurar un gobierno fácil en cualquier condición. Dependiendo del tipo de barco, la timonería puede variar considerablemente, pudiendo ser mecánica, hidráulica o servo asistída y es vital asegurarse que la unidad de potencia que se use sea la adecuada para el sistema de gobierno del barco. Esto asegura la compatibilidad y eficacia de ambos sistemas y es la clave para una total eficacia.

La potencia necesaria para hacer mover la unidad de potencia puede variar. Separados en parte electrónica y de potencia, la gama de ordenadores de rumbo  aseguran que la misma cantidad de inteligencia se transforma en 'músculo' a la velocidad adecuada, para un completo control de la embarcación. Este año el cerebro se ha vuelto aún más inteligente y los últimos ordenadores de rumbo incorporan lo más novedoso en tecnología de microprocesador combinado con la incorporación de nuevas características en prestaciones y seguridad para ofrecerle lo último en tecnología de pilotos automáticos.

En la actualidad  todo esto esta mas que superado y el peor enemigo de todos los pilotos automáticos es la batería de a bordo y su capacidad. El consumo de energía debe ser preferiblemente bajo, lo que sólo puede conseguirse cuando un refinado software calcula el rumbo con compás, las desviaciones del rumbo, los movimientos del barco y provoca el impulso de contratimón necesario en un ángulo reducido, con fuerza y el menor número de veces posible.


El ciclo de funcionamiento medio respecto al consumo de energía de distintos sistemas es, del 25%. Esto significa que en una hora, el barco es gobernado activamente durante sólo 15 minutos, quedando sin gobernar en los 45 minutos restantes. Es evidente que con este resultado de gobierno nunca se podrá alcanzar la calidad de un timonero humano.

 

Los pilotos automáticos se dividen en dos categorías:

 

Pilotos de cockpit

Que se montan directamente en la caña o en la rueda de gobierno, que poseen un compás interno o externo y que están limitados en cuanto a su fuerza y a su rendimiento. Los motores eléctricos usados para este ámbito de función han sido diseñados para un reducido consumo de energía y aportan su fuerza mediante una múltiple reducción, lo que por fuerza significa una velocidad de trabajo menor, podiamos llamarlos seguidores de rumbo.

 

Pilotos de montaje

Que inciden directamente en los cuadrantes del timón, han sido diseñados para cargas mayores y consumen mucha más energía. Dependiendo del sistema de timón principal existente se utilizan bielas de avance mecánicas o hidráulicas.

Ambos tipos de pilotos automáticos pueden conectarse entre sí como módulos de sistemas de navegación ya existentes, cuando por ej. debe mantenerse un curso determinado en la punta de ruta de navegación.

Los números de consumo de energía en ampere por hora pueden parecer de por sí mínimos, pero en un período de tiempo de 24 horas, el número resultante asusta. Y es evidente que durante un viaje largo es inevitable hacer un balance de la energía, puesto que ésta debe ser creada allí donde se consume: A BORDO.

 

Los límites de un piloto automático se alcanzan cuando se ponen en él falsas "esperanzas": el gobierno de acuerdo con el viento aparente a través de un señalizador de banderola nunca será aceptable, porque en este caso deberán calcularse demasiadas influencias perturbadoras. Los movimientos de balanceo y de cabeceo que traen consigo una modificación del ángulo aparente de incidencia del viento deben calcularse en su señal verdadera, restándoles los movimientos superfluos. En condiciones de mal tiempo creciente, un piloto automático, con su comportamiento de contratimón siempre regular, apenas podrá dominar la situación. Y no existe un piloto automático con cambio de marchas ni distintos grados de fuerza.

 

El único transmisor de señal fiable en un piloto automático será siempre el compás, y es por ello que casi todos los fabricantes han profundizado su desarrollo en esta dirección y ofrecen cada vez más los denominados giro-compases como opción, cuando un compás normal de saturación ya no parece ser suficiente.

Respecto a las verdaderas condiciones a bordo de un yate de vela, es decir a la navegación de acuerdo con el ángulo aparente de incidencia del viento, cualquier piloto automático estará mal equipado en tal situación, puesto que ¿de qué sirve un mareaje de compás, si las velas están en facha?

Las características principales de estos autómatas son su construcción compacta, su montaje fácil, su fácil manejo, la invisibilidad, y respecto a los pilotos de cockpit, su económico precio. Su poca fiabilidad técnica en algunas ocasiones es el compromiso que debe aceptarse. Dependiendo del ámbito de utilización del barco se puede vivir con este compromiso o se debe prevenir adquiriendo piezas de reserva / equipos u otros sistemas de manejo automático.