Pesca tradicional

 

Este apartado lo vamos a dedicar a la pesca tradicional del atún a principios del siglo pasado, lo iniciamos con el sistema de las "Panas" practicado en la provincia de Alicante, concretamente en Torrevieja, y lo iremos ampliando poco a poco con otras modalidades con las que se ganaban el sustento los profesionales de la pesca a principios del siglo XX.

 

La pesca del Atún en Torrevieja

Articulo escrito y cedido amablemente por D.Andrés Javaloy pescador deportivo de Torrevieja

 

Las raíces de este apasionante deporte arrancan en este caso de la pesca artesanal del atún, de gran tradición en Torrevieja.

Hacia comienzos del siglo pasado, había un periodo de veda que afectaba los barcos de arrastre (que por cierto se hacía a vela hasta 1927), desde el cabo de Creus hasta la Punta de Tarifa. Esta veda empezaba el 30 de Abril, y terminaba el 7 de Septiembre periodo ideal para permitir el desove de la mayoría de los peces bentónicos. Entonces esos barcos se dedicaban a la pesca de la melva y atún con el procedimiento de las panas. Estas se componían básicamente, de unas ramas de pino cuya finalidad era proporcionar abrigo a bancos de pequeños jureles que se cobijaban allá huyendo de los depredadores. Estas ramas, que flotaban en el agua junto a grandes planchas de corchos con banderolas, se fijaban al fondo mediante grandes pedrales y cabo de esparto unas cuantas brazas más largo que la profundidad existente. Calaban 50 o 60 formando lo que llamaban "andanones". Lo hacían en varias zonas dos o 3 millas al este de Cabo Cervera, a 5 millas al E. de Tabarca y también a 12 millas al E. de Torrevieja Curiosamente, en esas zonas señaladas, los que nos dedicamos actualmente a la pesca del atún con caña y carrete, los veíamos también con frecuencia allí... antes de que los atuneros de cerco comunitarios y los japoneses saquearan nuestros caladeros.

Hacia mediados de mayo, "Los Valentines" (que es el barco de la foto antigua original de Darblade) con su patrón, sus hijos y varios hombres, se hacían a la mar en busca de las panas. Para localizarlas les bastaban las señas (enfilaciones) y si estas no se veían, con la ayuda de una sonda de mano, con el tiempo de navegación y el rumbo aproximado daban con ellas. Las dotes marineras de aquellos hombres les hacían navegar, a veces, orientándose tan solo en "como caía la mar a la salida de Torrevieja" y en qué ángulo debían tomar las olas para llevar el rumbo adecuado.

Al llegar, recorrían las panas para comprobar en donde se habían cobijado los cardúmenes de pequeños jureles y si había ya melvas o atunes cebándose con ellos. Porque al principio de la temporada era la melva la protagonista de sus pesqueras. Cogían un buen puñado de "jurelicos" con salabres y los mantenían vivos en baldes para servirles de cebo y anguado. Procuraban mantener el pequeño banco de jureles abrigados al barco, despegándolos previamente de la pana, utilizando otro ramaje que llevaban amarrado en popa y lastrado al que llamaban "despoblador". Con éste iban navegando despacio, con el banco de jureles ahora siguiéndoles, para que sirvieran de reclamo al atún. No era raro entonces que se les metieran bajo del barco atunes de 20 o 30 kilos atraídos por los jureles vivos. A veces lo hacían atunes enormes de mas de 100 Kilos. Los pescaban con lienzas o cordeles de cáñamo sujetos a varas todo a lo largo de ellas, que terminaban por un lado en un chicote recio anudado que servía de tope para la mano. Por el otro había un aparejo, un poco más largo que la vara, cuya camada final era de cuerda de piano con un gran anzuelo de hierro empatillado, cebado con jurel vivo pasado por entre los ojos. Una vez clavado el atún no les daban el menor cuartel, volteándolos hábilmente a bordo. Cuando entraban los atunes gordos los tentaban igual, aguantando su embestida si era preciso entre 3 o 4 hombres, ya que lo que interesaba, era echarlos arriba lo antes posible para que el grupo de atunes que tenían a la vista, no se largaran.    A la fuerza bruta y con ayuda de grandes bicheros los metían a bordo. A veces, después de tanto bregar, tenían que volver a tierra, si había calma, con ayuda de 4 pares de remos hasta que el viento les fuera favorable.

 

 

Relato de un Pescador Artesanal del Atún de Torrevieja

En esta pesca utilizaban los antiguos atuneros un aparejo muy semejante al que emplean actualmente los pescadores artesanales de atún. Le llaman "caloma" o "filaero" Se componían de unos 200 m de lienza de cáñamo, adujada cuidadosamente en un capazo, con el chicote terminal saliendo por un lado para poder empalmar ahí, en un momento dado, otro cabo más grueso. La camada era también de línea de " cuerda de piano". A continuación cuento lo que me refirió uno de aquellos viejos lobos de mar

Aquel día "Los Valentines" se había hecho a la mar de noche, en busca de las luces de las lejanas traíñas donde pensaban adquirir alachas o sardina como cebo. Llegaron en el momento de estar haciendo el copo, con el banco de sardinas ya cercadas, brillando como plata viva dentro de la red a la luz intensa del carburo de las lámparas. Esperaron hasta que terminaran la faena y les cedieran un par de cajas de pescado.

"Están ahora cerca de las luces de la mamparra, cuando Valentín hijo (que tenía entonces 10 o l2 años) ve cerca del barco un pequeño atún de 3 o 4 kilos. El chaval le dice al patrón: - ¡Padre, vamos a cogerlo! -. A regañadientes, dado el pequeño tamaño del atún que ha visto el chico y que ahora no ven, tiran al agua una sardina enganchada en el gran anzuelo de su "caloma". A los pocos segundos notan una picada, dan un tirón para clavar e inmediatamente una fuerza increíble les quita de la mano la línea que sale del capazo a una velocidad asombrosa, ante lo cual amarran un cabo más grueso en su extremo, antes de que se agoten los 200 m de lienza del primer capazo. ¡Un atún gigante al que no han visto, ha mordido el cebo o el pequeño atún previamente clavado!

Y entonces empieza una violenta lucha en la que unas veces pueden cobrar un poco de cabo y otras la fuerza bruta de aquel animal arrastra el barco al aguantar con firmeza el aparejo. Izan la vela para navegar hacia el atún tratando de cobrar algo de línea. En ocasiones lo consiguen para seguidamente sacarles de nuevo toda la lienza. El tiempo pasa rápido, el sol está ya bien arriba del horizonte y la brisa del N.O los va acercando a la próxima isla de Tabarca. Valentín aborda con destreza un playón rocoso que existe por la parte sur de la isla y embarranca el bote a pocos metros de la orilla. El atún debe estar casi agotado ya que los tirones son menos violentos. Varios tripulantes se echan a la mar donde el agua les llega a la cintura. Los de abordo le pasan el aparejo y con él en las manos, aquellos alcanzan la orilla. Es desde allí cuando aquel increíble animal es definitivamente vencido y varado en tierra"El atún pesó 225 Kg

Aquel atún presentó una defensa increíble frente a gente curtida, fuerte y con experiencia en estos lances.Es lo a veces hemos comentado que atunes de alrededor de ese peso a veces son muchisimo mas "duros de pelar"que incluso ejemplares de 300 kilos.

La pesca del atún con caña y carrete es un deporte duro y realmente apasionante. Pero hay que reconocer el mérito de este tipo de pesca profesional mucho más dura y con el riesgo indudable de que uno de estos gigantes tire algún hombre al agua liado con la línea. Así nos contaron que había ocurrido en un puerto cercano.

La pesca artesanal del atún se fue perdiendo poco a poco en Torrevieja, donde solo ocasionalmente se cogía alguno desde las traíñas cuando pescaban la sardina y también mediante palangres flotantes dedicados al pez espada.

Posteriormente durante unos cuantos años (de 1990 al 98) la pesca tanto deportiva como artesanal del atún se desarrolla extraordinariamente, desembarcando entre ambas algún año, cientos de atunes.

Como todos sabemos, desde hace unos 5 o 6 años una flota imponente de 27 barcos atuneros de cerco de 25 a 30 m de eslora, la mayor parte franceses e italianos y unos pocos nacionales, toma como base el puerto de Torrevieja durante los meses de junio y Julio, precisamente los meses de desove del atún. Con sus redes gigantescas su tecnología sofisticada que incluye, información por satélite de las áreas de aparición del atún, vigilancia aérea con aviones y helicópteros, modernos instrumentos a bordo etc., están logrando esquilmar en pocos años el atún rojo en sus áreas de freza y precisamente antes de que desove.

Clamamos una vez más desde aquí, uniendo mi voz a otras de profesionales de la mar, biólogos, deportistas etc. contra tanto desastre. Sin lugar a dudas, de continuar estos procedimientos de captura masiva en el sitio y circunstancias que lo hacen, acabarán con el atún rojo en muy poco tiempo en aguas mediterráneas.

Me parece bien y hablo de un modo muy personal la reciente legislación que regula la pesca deportiva del atún. Pero ya es hora de que, pese a que haya tan grandes intereses económicos en juego, se regule y prohiba tanta matanza y desastre ecológico como el que está ocurriendo con el atún en aguas mediterráneas.

La pesca del atún en nuestra costa se remonta a tiempos inmemoriales. Cerca de Torrevieja se descubrió, junto a lo que debió ser un pequeño puerto refugio, un probable saladero de atunes de la época de dominación romana. Quiera Dios que la ambición del hombre moderno con su tecnología actual y su inconsciencia depredadora, no elimine en pocos años de nuestras aguas, estas formidables criaturas de la mar.

La pesca deportiva con caña y carrete del atún gigante la iniciamos en Torrevieja en el año 1990. Hasta 2 años después no desembarca el "Chambel" el primer atún capturado de este modo en aguas de Torrevieja. Poco después José Ruiz de " La Ilusión" desembarcaba en el Club Náutico de esta ciudad ese impresionante atún de 340 Kg que es aún récord deportivo local capturado a 24 millas al 110º de Torrevieja.

 

LA PESCA DEL ATUN JOVEN Y DE LA MELVA AL GARVILLO

 

Los hechos y fotos que se reflejan en este artículo son de hace unos 30 a 40 años cuando se pescaba el pequeño atún por toda la costa mediterránea por parte de profesionales y deportistas. Dadas las disposiciones que regulan la pesca del atún pequeño y la escasez del mismo - por sobrepesca - en aguas litorales, éste, de ser el protagonista principal en la pesca del curri costero, ha pasado a muy segundo término.Por otra parte, y que quede bien claro, esta pesca, por propia convicción, hace muchos años que no la practicamos a bordo de nuestro barco. Con todo, los recuerdos y vivencias de aquellos años, de las pesqueras de la melva y atún buscando los"garvillos"de pequeños boquerones o sardinas, han quedado imborrables para siempre.

La presencia de melvas o atunes en la zona nos la señalan los charranes, pardelas o gaviotas, quebrando su vuelo o picando hacia el mar. A veces se ven huir, despavoridas, las sardinas o boquerones, o vemos saltar las melvas o atunes en superficie. Actualmente se pueden localizar los atunes, con las sondas modernas, de ordinario a una profundidad de 10 a 20 metros, tanto los jóvenes como los adultos, por su tendencia a seguir las embarcaciones.

Una vez localizados, les dábamos pasadas al curri lento procurando no hacerlo por encima de la zona donde se estaba cebando, sino por los alrededores de la misma. A veces, al pasar cerca veíamos que las sardinitas o boquerones se habían concentrado formando una bola apretada de color verdoso, sobre la que se lanzaba el averío.Era lo que llamábamos el "garbillo" Gaviotas,charranes, y alcatraces picaban una y otra vez tratando de atrapar alguna sardina, perseguida por debajo por los ataques fulminantes de las melvas o atunes.

Acercábamos entonces el barco lentamente hacia la bola de pescado o" garbillo" En la proa o por una amura nos poníamos con un salabre de mango largo y malla fina. Con un poco de habilidad y rapidez captuábamos parte de esa pelota de de sardinitas; especialmente si en ese momento había un ataque de las melvas o atunes al cardumen, este se " abrigaba", en su pánico, junto al casco del barco. Atrapábamos entonces las sardinillas que podíamos, echándolas a continuación en varios baldes de agua preparados de antemano en cubierta. Entonces era cuando la pesca se volvía verdaderamente apasionante. Utilizando cañas robustas de un par de metros con línea del 0,8 y un buen anzuelo del 3 o 4 /0, pasábamos este un poco por delante del ojo de la sardinilla viva, que se dejándola caer alrededor del resto del cardumen no capturado. Era entonces cuando surgía como un bólido la melva o el atún, atacando fieramente nuestro pececillo herido arrancando casi, la caña, de nuestras manos. Una y otra vez se repetía esta secuencia mientras nos quedaban sardinas a bordo. En torno a nosotros, en cubierta, pronto hay un alegre redoble de coletazos en medio del entusiasmo de todos los de abordo.

 

 

PESCA AL SALTILLO O CON PORRILLO

 

Me refiero ahora a una pesca tradicional del atún joven que a finales de Septiembre tiene 3 o 4 meses de edad y un kilo de peso y a primeros de noviembre alcanza los dos kilos, pescándolo utilizando cebo natural muerto.

Una vez localizado el banco de atunes sea por el averío o al capturar uno al curricán, dejábamosmos el barco al ralentí, quitábamos los aparejos de curri y empezábamos a brumear tirando pequeñas sardinas que siempre llevábamos a bordo por esas fechas. Podía empezar así una pesquera inolvidable. Veíamos al poco cómo surgían como flechas desde la profundidad azul, atunes que atacan ciegamente las sardinas dejadas caer al agua, enganchadas por los ojos de un anzuelo y manejadas con la ayuda de una caña gruesa. De ordinario orientábamos la proa del barco hacia el sol para que el atún se abrigara a la sombra de la popa y los viéramos mejor. Navegábamos lentamente dejando caer la sardina prendida del anzuelo," corriendo la mano" para no arrastrarla; dejábamos así que se hundiera lentamente - como si fuese un pez moribundo - recuperándola luego bruscamente, para repetir de nuevo la misma operación. Otras veces las hacíamos saltar en superficie para provocar su ataque.

A medida que el barco iba navegando, se iban "abrigando", a veces, otros bancos de atunes, con lo que la pesquera podía durar horas. Sucedía a veces que, de un modo inesperado, o coincidiendo con la pérdida de algún atún, el grupo se tornaba indiferente, perdiendo su agresividad. Veíamos ahora bajo del barco, a mas profundidad, sus flancos plateados mas que sus azulados lomos. "Se ponían blancos", según expresión local, y entonces no atacaban. Para despertar de nuevo su agresividad podía dar resultado o fumarse un pitillo dejándolos un rato en paz, o dando una arrancada al barco para hacerlos subir. También era a veces muy eficaz el arrojar agua con una manguera conectada a una bomba, o el más sencillo método de echar agua a pozales para simular pececillos alborotando la superficie del mar, mientras uno de nosotros hacía brincar un señuelo en superficie consistente en un pececito plomado brillante("el porrillo") Al cabo de poco tiempo los atunes se " ponían negros" y agresivos arrancando las cañas de las manos a los más bisoños o rompiendo a veces los sedales con sus ataques fulminantes.

Torrevieja,verano de 1.964.Transcrito para Club de la mar en Nov.2000

D.Andrés Javaloy. es patrón de la embarcación "Chambel" pescador deportivo de atúnes y autor de estos bonitos e interesantes articulos.

 

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