La gota Fría

 

 

Se caracterizan por chubascos y tormentas de extraordinaria violencia, aunque de poca duración y que afectan normalmente a una zona poco extensa son frecuentes en las zonas costeras del Mediterráneo, sobre todo entre los meses de septiembre y octubre. También llamadas las galernas del Mediterráneo. Algunos producen grandes desastres, como el que provocó una enorme crecida en el río Júcar que rompió la presa de Tous, o los que inundaron ciudades como Valencia, Alicante. Los meteorólogos suelen explicar que la causa de estas lluvias torrenciales son las denominadas "gotas frías".

El caso de mayor cantidad de lluvia caída en poco tiempo es el de Gandía, en la Comunidad Valenciana, en la que en noviembre de 1987 cayeron más de 1000 mm de lluvia en 36 horas, de los cuales 400 mm en menos de 6 horas.

Son más frecuentes junto al Mediterráneo, pero también suceden en otros lugares. Las grandes riadas que causaron importantes daños en Bilbao y en otros lugares del País Vasco fueron también producidas por una gota fría.

Formación de la "gota fría"

La gota fría se forma cuando coinciden tres acontecimientos: mar caliente, atmósfera inestable en la superficie y aire frío en altura.

Cuando el mar se encuentra a temperaturas altas, como el Mediterráneo al final del verano que puede llegar a estar a cerca de treinta grados en zonas cercanas a la costa, desprende mucho vapor de agua, como el agua caliente de un baño o una ducha. Si en esta situación llega una borrasca o un frente frío y hay una bolsa de aire frío en altura, se produce una situación de inestabilidad del aire superficial que aumenta conforme ascendemos. El vapor de agua, que el mar libera en gran cantidad, asciende arrastrado por la inestabilidad y se va condensando al encontrarse con la zona fría, formándose una nube.

 

Esta nube puede ir agrandándose a gran velocidad porque el vapor ascendente encuentra mucha facilidad para subir al encontrarse con zonas más frías, y con este frío va condensándose cada vez más agua. En muy pocas horas se pueden formar grandes nubes tormentosas, del tipo de los cumulonimbos, que aunque no tengan una gran extensión en horizontal, pueden llegar a tener más de diez kilómetros de altura. Estos cumulonimbos descargan una fuerte lluvia, normalmente acompañada de un gran aparato eléctrico y de granizo.

Daños

Los daños que causa una tormenta no dependen sólo de la intensidad de la lluvia. En una ladera con mucha pendiente, desprovista de vegetación, el agua corre muy rápidamente, arrastrando con fuerza el suelo, provocando una gran erosión. Si además esta ladera termina en un valle encajonado puede formarse una gran riada que arrastra con fuerza todo lo que encuentra. En la zona mediterránea española es frecuente que los cauces de los ríos permanezcan secos muchos meses al año y que sean ocupados por cultivos o edificaciones, lo que hace que en las grandes crecidas, los daños sean mayores, por una parte porque se destruye lo que estaba ahí construido y, por otra, porque se impide la libre salida del agua y se hace mayor la crecida.

Cuando las laderas son suaves y se encuentran cubiertas de vegetación el agua que cae es frenada por las plantas, absorbida con más facilidad por el suelo y termina bajando por la ladera menos agua y a menor velocidad. Se entiende que así la erosión es menor y que es importante mantener los bosques y la cubierta vegetal del terreno para prevenir los daños que los fenómenos climatológicos violentos producen.