El Galeón

 

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La navegación a través de los Océanos obligó a la adaptación de los buques tradicionales, preparándolos para navegar largo tiempo y con temporales.

Se aumentó su tonelaje, se reforzó el casco, se mejoró la cubierta y se repartió el velamen.
El galeón, un producto del complejo sistema portuario desarrollado por España, desplazaba entre 300 y 800 toneladas y tenía una longitud de unos 30 metros.

 

 


Nuevos diseños se concretaron en el XVIII con la construcción de navíos y fragatas. Al llegar la Ilustración el buque de guerra es ya un producto diferenciado, proyectando su tecnología a la marina mercante. La propulsión a máquina de vapor en el mar no llegó hasta el final del XIX.
A través de los océanos se transportaban dos tipos de mercancías.

 Las estratégicas, ligadas a los mayores beneficios de la Real Hacienda y al control del territorio: metales preciosos, armamentos, libros, documentos, tropas y algunos instrumentos. Y las generales, muy variables en función de la oferta y la demanda de los mercados existentes en aquella época.
El control y la naturaleza de la carga era un asunto fundamental por el tamaño proporcionalmente pequeño de los barcos.

 

 

 

La técnica de la estiba a bordo se estudiaba en función de la seguridad del buque, llegándose a rellenar todo el espacio disponible. En Filipinas el gobierno repartía la carga del galeón asignando "boletas" para embarcar las "piezas", que eran las unidades de carga.

Se emplearon varios tipos de envases: la "pipería", los "fardos", los "cajones", las "vasijas". Las ideas y la cultura, las creencias y la doctrina cristiana, la técnica y el arte, las aportaciones científicas de la medicina y la botánica..., traspasaron las fronteras, transportadas en los buques a través de los mares.