La flota artesanal

 

 

Cada vez más se considera evitable el daño producido por las flotas artesanales. Al no ser nada selectivas, las artes pesqueras arrasan una importante biomasa que luego han de tirar por la borda. Por ejemplo, una malla de arrastre cuando rastrilla el fondo del mar recoge muchos seres carentes del menor interés pesquero, pero que caen en la red porque viven en el mismo lugar del Mar que aquellas otras que sí lo tienen. Así, en el arrastre de la gamba caen infinidad de peces que aún no tienen una talla comercial, en el palangre del atún, delfines, y más aun en las redes de deriva destinadas a la captura del calamar lo hacen aves y tortugas, junto con otras muchas especies marinas.

 

 

Hay ocasiones en las que estas capturas incidentales pueden ser comercializadas, todo dependerá de las normas y costumbres que rijan el mercado a donde va dirigida la pesca, en otras, sencillamente se desechan y se arrojan por la borda.

 

 

Son los mal llamados descartes pesqueros. Los datos de la FAO señalan la magnitud de estas capturas: los descartes anuales del total de las pesquerías mundiales se sitúan en torno a los 20 millones de toneladas, es decir, el 25 por 100 de todas las capturas.

La solución a este problema pasa por obligar a los pescadores a evitar los caladeros cuyos peces no tengan una talla suficiente, así como al empleo de artes más selectivas que eviten en una mayor medida esta sangría diaria que le hacemos a los Mares y Océanos.