La cigala

 

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La cigala es un exquisito crustáceo decápodo, es decir, de diez patas, con el primer par mas corto que los restantes. Pertenece al grupo de los macruros, o sea, de cola larga, en oposición a los que, como la nécora, el buey o la centolla carecen de ella.

 

 

Su rostro es alargado, con la base algo curvada hacia abajo y el apéndice vuelta hacia arriba; excavado en caso toda su longitud con espinas en los lados y dientes ventrales. En el caparazón  se perciben numerosas espinas Su tamaño medio viene a estar en torno a los 15 cm., no obstante se pueden ver ejemplares hasta de 25 cm. Durante el verano viven en profundidades  menores a los 200 m. en invierno viven en aguas mas profundas hasta los 700m. La hembra incuba los huevos en los pliegues ventrales, fácil de ver en ejemplares pescados entre Julio a Febrero.

Se alimentan de moluscos, algas y peces muertos, de hecho, además de ser capturadas con násas también se pescan con redes de trasmayo, calan las redes y las dejan tres o cuatro días para que el pescado  pudra y acuda la cigala y la langosta a enredarse.

 

 

 

Además de esas características morfológicas, la cigala es un crustáceo marchador,  pertenecen a  la familia de los nefrópsidos, al igual que el bogavante y la langosta, mientras que el langostino, la gamba, el camarón son nadadores.

 

 

En aguas españolas hay cigalas de matrícula de honor, tanto en el Mediterráneo como en el Golfo de Cádiz o en las rías gallegas; es absurdo discutir si unas son mejores que otras, y lo práctico es atenerse a las que haya disponibles en cada lugar. Lo que pasa es que la mayoría de las que se ofrecen en bares, restaurantes e incluso mercados vienen de mares más lejanos, sobre todo de Gran Sol, o de otras zonas de la costa irlandesa. No diré que son malas, sólo que... no son como las de Garrucha, Huelva o Marín, por citar tres procedencias ilustrísimas. Las cigalas irlandesas, que ahora llegan hasta vivas a los mercados, son unas damiselas pálidas al lado de las españolas, y ni por su sabor ni por la textura de sus carnes pueden compararse con las nuestras. Por supuesto, para valorar unas y otras hace falta haber practicado por lo menos un poquito.

Hay una manera fácil de distinguir una cigala hembra de un macho, pásenle un dedo por la parte inferior de la cola, si notan unos dentículos, unos pinchos, entre segmento y segmento, tienen en la mano un macho; si no presenta esa particularidad y todo es liso y llano, hembra tenemos, probablemente con la cabeza llena de sabrosos corales.