Pesca al cerco

Redes de cerco y redes
de copo
Las redes de cerco se
utilizan para la captura de peces cuya costumbre es nadar formando densos cardúmenes
o bancos de peces, ya sea en la superficie o a media agua, es decir, pelágicas,
como las anchovetas, las sardinas, los atunes, el bonito, la caballa y el jurel.
En un principio, estas especies (y en algunos lugares todavía) fueron
capturadas mediante artes de enmalle, sardinales y trasmallos; sin embargo, las
artes verdaderamente eficaces para esta clase de pesca son las redes de cerco,
por las que se han ido sustituyendo.
Un arte de cerco se
reduce a un gran paño de red de forma rectangular, cuyas dimensiones varían
entre 250 y 1000 metros de longitud y alrededor de 40 de profundidad. En la
parte superior de la red se dispone de un número adecuado de flotadores que la
mantienen en posición vertical, cuando se utiliza. En la parte inferior lleva
una serie de plomos que ayudan al mantenimiento vertical, contando además con
un conjunto de anillos por los que pasa un cabo resistente llamado
"jareta", que se encarga de cerrar la red y por esto se le conoce con
el nombre de "red de cerco de jareta".
Cuando la embarcación llega a un lugar en donde se localizó, por diversos métodos, al cardumen, se inicia el calado de la red, tirando al agua uno de sus extremos cuyos cabos quedan a bordo del bote auxiliar, que describe un círculo rodeando a la mayoría de los organismos.

Una vez terminada esta operación, los pescadores tiran de cada uno de los extremos de la jareta, consiguiéndose de este modo cerrar la parte inferior de la red y así formar un copo en donde queda atrapado el cardumen; después, se va cobrando el arte por uno o varios extremos, ayudándose por medio de güinches, hasta que los animales capturados quedan en un espacio mínimo; los peces se suben a bordo con un gancho o mediante la aspiración con poderosas bombas.
Antiguamente, y en
algunos países donde la pesca ha evolucionado poco, la recuperación del arte
de cerco era una operación penosa y requería de la colaboración de un gran número
de pescadores; en la actualidad, la utilización de las técnicas denominadas
"halado-mecánico" permite simplificar el procedimiento y reducir en
mucho la mano de obra y el tiempo de operación.
La pesca de cerco hace
indispensable que los organismos que se quiere capturar estén formando grandes
asociaciones, pues si éstos se hallan dispersos, la pesca de cerco no es
posible. Para conseguir localizar la mayor concentración de peces se recurre a
varios sistemas, como la utilización de ecosondas especiales de proyección
horizontal capaces de detectar la presencia de bancos en un radio de algunas
millas alrededor del barco.

A pesar del desarrollo
que han tenido estos métodos de localización de las especies pelágicas, ésta
se sigue realizando a simple vista, observando el brillo o burbujeo que producen
los peces cerca de la superficie, operación conocida como "ardora".
En la época actual, en la localización de los bancos se utilizan también
avionetas y otros medios, como colocar en el barco aparatos ultrasónicos, los
cuales emiten sonidos especiales que son captados por los delfines, que
generalmente nadan en el cardumen, por lo que al saltar fuera del agua alertan
al capitán del barco cerquero.
También son importantes
los métodos para concentrar a las poblaciones de peces, tomando en cuenta los
estímulos que provoca el uso de la luz, que reúne, por una respuesta positiva
hacia ella, a los diminutos componentes del plancton, principal alimento de
estos peces pelágicos y que por lo tanto los va a concentrar, facilitando su
captura. Otro estimulante que se ha considerado idóneo para lograr estas
concentraciones es la "raba", hueva del bacalao o de las merluzas.
El interés por las
pesquerías de cerco ha ido aumentando, trayendo como consecuencia una serie de
cambios importantes. Sin duda, las mayores capturas mundiales, en el momento
actual, se llevan a cabo mediante este tipo de redes de cerco y una de las más
importantes es la destinada a la del arenque, que se efectúa tanto en el Atlántico
norte como en el Pacífico septentrional.

Otra gran pesquería de
cerco la forma la captura de la anchoveta en el litoral peruano, que ha llegado
en algunos años a la fabulosa cifra de 12 millones de toneladas, capturadas por
barcos cerqueros llamados "bolicheras", y que se destinan a producir
la famosa harina de pescado peruana, que es la base de la alimentación para la
cría de aves y de cerdos en muchos países del mundo. En la zona colindante con
el cabo Blanco, en el noroeste africano, existen importantísimas pesquerías de
"alacha", cuya explotación para transformación en subproducto se
lleva a cabo especialmente por medio de artes de cerco.
Otra pesquería
importante que utiliza este tipo de arte de pesca cerquero es la de la sardina,
tanto la europea, sardina propiamente dicha, como las especies más abundantes y
de mayor tamaño que frecuentan las costas de América y California, o las de África
del sur y Japón. Se pueden citar las importantes pesquerías de Menhaden en la
costa sudoriental de los Estados Unidos explotadas para la obtención de harinas
y aceites, las cuales han llegado a tan alto grado de desarrollo que incluso
disponen de helicópteros para la localización de los cardúmenes.
Sin embargo, la pesquería
de cerco que ha tenido una mayor evolución en los últimos años ha sido la del
atún, cuyas principales poblaciones se localizan en el océano Pacífico
oriental entre las costas de California y las del Perú, o en las del Atlántico
frente al norte de África. Los barcos que intervenían en esta pesquería,
hasta 1966, utilizaron las cañas y la carnada viva, pero a partir de ese año
fueron adaptados para emplear la red de cerco.
Los nuevos barcos
atuneros se construyeron con las características necesarias para operar estas
redes de cerco que sobrepasan los mil metros de longitud, como los lujosos Tuna
cliper de la flota estadounidense, que tienen de puerto base a San Diego,
California y que principalmente capturan atún aleta amarilla, el de mayor
aceptación en el mercado internacional. México es otro de los países que han
incrementado su flota atunera de cerco, contando con barcos de los mejor
equipados del mundo, y por lo tanto, muy eficientes; se considera que la flota
atunera mexicana es la primera de América Latina y la segunda del continente.

Existen otras especies
que, por la conducta que presentan, no siempre se capturan con redes de cerco,
como las caballas y los jureles, que por su costumbre de permanecer una parte
del año en la superficie y otra en el fondo, se pescan alternativamente con
artes de cerco y de arrastre. En la parte norte del océano Pacífico, los
salmones se capturan en ciertas ocasiones mediante artes de cerco especialmente
preparadas.
Las modernas tendencias
del arte de cerco tratan de realizar la maniobra del modo más fácil y rápido,
evitando, al mismo tiempo, la huida de cierta cantidad de peces a través de la
parte inferior de la red antes de que se cierre con la jareta; por ello, algunos
diseños recientes de éstas llevan un segundo faldón por debajo del piso
principal de la red, asegurando, así, su efectividad. De cualquier modo, las
redes de cerco no son cien por ciento efectivas, ya que su diseño prevé que se
pueda escapar un número de peces que asegure la conservación de la especie; de
no ser así, los diferentes métodos y artes que cada día evolucionan más ya
habrían terminado con las poblaciones de organismos
sensibles a la captura, de los océanos.
Continuación CERCO II